juegos para xo gadgets para blogger

Estoy de regreso

13/2/09

The Doors Por fin en Mexico ¡¡¡ Hoy !!! 2a parte



Estaba navegando por la red cuando me encuentro esta reseña acerca de la primer visita de The Doors. Y como es algo extensa se las dejo para que la leean.

Morrison en México
Los pasos perdidos del Rey Lagarto

por Guillermo Vega Zaragoza

(Artículo publicado en )

El Rey Lagarto, Jim Morrison, sigue haciendo de las suyas. Acaba de aparecer en el mercado estadounidense la colección completa de los discos de estudio de The Doors, en versiones totalmente remasterizadas, a las que se les ha añadido un séptimo disco: Essential rarities, que a su vez es una recopilación tomada de la llamada Caja de The Doors, editada en 1997. La novedad es una canción inédita titulada "Woman is a devil". Acompaña la colección un folleto de 60 páginas con comentarios y las letras completas de las canciones.

Por otra parte, está circulando en las librerías mexicanas el libro de Jerry Hopkins, El Rey Lagarto. Lo esencial de Jim Morrison (Grupo Editorial Tomo). Esta obra apareció originalmente en 1992, y en 1996 Lasser Press lo editó en español, con una presentación infame y una traducción pésima. Esta nueva edición la supera notablemente en todo.

Jerry Hopkins es el coautor, junto con Daniel Sugerman, de la exitosa primera biografía de Morrison titulada No one here gets out alive (Nadie sale vivo de aquí). No obstante, al parecer a Hopkins se le quedaron muchas cosas en el tintero y en The Lizard King intenta completar su retrato, con detalles más humanos, analizando sus diversas facetas: el niño, el estudiante, el poeta, la estrella de rock, el borracho. Además, incluye una selección de las entrevistas que Morrison ofreció en vida a diversas publicaciones, incluyendo a Hopkins mismo, como redactor de la revista Rolling Stone.

Precisamente, en calidad de enviado de esa publicación, Hopkins fue el único periodista estadounidense que en 1969 viajó junto con The Doors a México a ofrecer una serie de conciertos. En efecto, aunque a muchos jóvenes de hoy les pueda parecer increíble, The Doors tocaron en la ciudad de México, casi clandestinamente durante una breve temporada de cuatro noches (28, 29, 30 de junio y 1 de julio de 1969). Y decimos que en forma clandestina porque lo hicieron en un ambiente totalmente ajeno a quienes eran entonces su verdadero público: en un centro nocturno conocido como El Fórum (hoy desaparecido).

Tan clandestinas fueron estas históricas presentaciones que son escasas las fuentes a donde se puede acudir para saber cómo fueron dichos conciertos. En la biografía de Hopkins y Sugerman, apenas le dedican un par de páginas y su información no es del todo correcta. En The Lizard King, Hopkins aporta más datos, no muchos, sobre todo algunas anécdotas de las cuales fue testigo y participante.

En otra biografía, Break on through, James Riordan y Jerry Prochnicky no hacen más que parafrasear (para no decir que se fusilan) la misma información de Hopkins y Sugerman. Este último, por otra parte, en su The Doors: The Illustrated History simplemente se cita a sí mismo en el fragmento de la biografía escrita al alimón con Hopkins, aunque tiene la decencia de publicar algunas fotos de Jim en el concierto y de viaje por tierras aztecas.

Es un libro escrito por el mexicano Merced B3l3n (así lo escribe) Valdés Cruz, The Doors: Los días extraños, el que aporta un poco más de información, pues transcribe fragmentos de crónicas de la época, aparecidas en revistas de rock casi subterráneas, todas ellas desaparecidas. A partir de estas fuentes, reconstruimos las andanzas de Jim Morrison y The Doors en México.

"A la chingada, no vamos"

Después del incidente en Miami (donde supuestamente Morrison mostró sus partes pudendas en público), la consecuente cancelación de la gira y con los promotores de conciertos huyéndoles como de la peste, el grupo recibió la oferta para presentarse en México por parte de Mario (y no Javier, como lo llaman Hopkins y Sugerman) Olmos, un joven promotor, y Javier Castro, miembro del grupo Los Castro, que además era dueño de un centro nocturno conocido como El Fórum, con capacidad para mil personas.

Originalmente la oferta era presentarse en la Plaza de Toros México, con aforo de 48 mil personas. A The Doors les interesaba tocar ante tanta gente para demostrar que todavía podían arrastrar multitudes y que lo de Miami no era más que un incidente. Además, había la posibilidad de hacer un concierto a beneficio de la Cruz Roja o de la ONU en un hotel, el Camino Real. Esos eran los planes iniciales, por lo que el grupo estaba bastante entusiasmado, sobre todo porque les acababan de cancelar un par de conciertos en Honolulu.

Pero ya saben cómo se las gastan los promotores mexicanos. Con las heridas de la matanza de octubre de 1968 todavía sin suturar, obtener un permiso para tocar en la Plaza México no sólo era imposible sino descabellado, pero al ver el entusiasmo de The Doors por tocar en México, Olmos no quería desaprovechar la oportunidad. A pesar de todo, intentó conseguir permiso para el Auditorio Nacional pero tampoco tuvo suerte. Pidió prestados 20 mil dólares y le dijo a Castro que el grupo se podía presentar en El Fórum cuatro noches a cinco mil dólares cada una. Sin contrato y sin nada, se aventaron la puntada de anunciar los conciertos con desplegados de una plana en los periódicos.

Al día siguiente se lanzaron a Los Angeles, con los desplegados, el cheque y la seguridad de que, ante los hechos consumados, The Doors no se negarían a tocar en México. Evidentemente, al manager del grupo, Bill Siddons, no le cayó muy bien la "puntada" de los "jóvenes promotores" mexicanos ("a la chingada, no vamos", fue una de las expresiones atribuidas a Siddons), pero los contratos escaseaban y, además, sería buena experiencia para el grupo.

Aquí cabe hacer un paréntesis porque existe un dato equivocado que reproducen Riordan y Prochnicky: la prohibición del concierto en la Plaza de Toros México no se debió al aniversario de las movilizaciones estudiantiles de 1968 (que además era hasta octubre), sino a que el gobierno había prohibido desde entonces cualquier manifestación juvenil masiva, menos iba a permitir un concierto de rock y todavía menos con un grupo de tan "mala fama" como The Doors. Al parecer, el dato apareció originalmente en la revista Variety y los biógrafos lo copiaron sin verificarlo.

En este sentido, Hopkins cuenta que estando en México, Siddons trató de arreglar un concierto en un parque público (posiblemente en la Ciudad Universitaria), pero eso era todavía más impensable que en la Plaza de Toros. Siddons también quiso montar un programa de televisión de dos horas con el grupo, su música y sus ideas, pero nada se concretó.

Hopkins y Sugerman afirman que los recibieron a cuerpo de reyes, y hasta había un tipo que los seguía a todas partes con una bolsita de cocaína para despacharla cuando quisieran. Es más, hasta conocieron al hijo del entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz (Alfredo), que le había salido un poco "loco" y le gustaba el rock. En tanto, Riordan y Prochnicky señalan que no pudieron conseguir alojamiento en los grandes hoteles, pues se los negaban por miedo a posibles desmanes, por lo que debieron hospedarse en la sección residencial de un pequeño hotel privado (whatever that means).

El grupo y su séquito (que incluía a novias y esposas) fueron tratados a cuerpo de rey (lagarto, por supuesto). Los pasearon en limusina por toda la ciudad, visitaron el Museo de Antropología (y no de "Arqueología", como dice el inepto traductor del libro de Hopkins), se emborracharon en Garibaldi y fueron a las pirámides de Teotihuacán. Es ya conocida la foto de Morrison, barbado, panzón y en camiseta, subiendo los escalones de la Pirámide del Sol.

En El Fórum pusieron a la entrada un mural gigantesco con la efigie de Jim sin barba y el manager Siddons quería que Jim se rasurara, pero todo fue inútil. Incluso al llegar al lugar, los fanáticos no lo reconocieron, mientras se lanzaban detrás de los demás Doors. Jim les gritó: "¡Hey, aquí! ¡Dejen algo para el cantante!".

La verdad es que, según Hopkins, Jim se portó bastante bien, pues traía marcaje personal a cargo de Pamela Courson, su compañera. Se la pasó leyendo y practicando su español aprendido en los burdeles de Tijuana. Lo más "grueso" que hizo fue asomarse por la ventanilla de la limusina, totalmente borracho, y apuntarle con los dedos, a guisa de pistola, a unos policías incrédulos: "¡Andele, ándele!", como "un bandido cabalgando con el fantasma de Zapata en un Cadillac por Avenida Revolución", escribe Hopkins en evidente rapto lírico.

La "juventud dorada" rinde pleitesía al mito

Existen versiones encontradas acerca de las reacciones que provocaron estos conciertos. Según Hopkins y Sugerman, "las actuaciones en México fueron de lo mejor que los Doors lograron en su historia. Eran mucho más populares en México de lo que se imaginaban, y el entusiasmo de los jóvenes hijos de millonarios que atestaban el club noche tras noche les permitía remontarse a alturas insospechadas en la ejecución de la música". Lo mismo asientan Riordan y Prochnicky, aunque con la salvedad de que consignan que la prensa local y el gobierno tenían sus reservas. Los llamaban "hippies" y los calificaron de "indeseables".

La andanada de improperios estuvo capitaneada por El Heraldo de México, entonces el periódico de más reciente aparición en la capital, y el verdugo se llamó Raúl Velasco, quien entonces perpetraba sus cuartillas como reportero de la sección de espectáculos. La reseña del primer concierto, a la que le dedicaron una plana completa con pase a interiores, es de antología. (Hubiera sido una delicia para la sección de Marco Levario.) La cabecearon así: "La salud mental de los jóvenes mexicanos triunfó sobre la proyección sórdida y angustiosa de Morrison y The Doors".

La atropellada redacción de Velasco estuvo acompañada por más de una docena de fotos del concierto, tomadas por Carlos Villagrán, que muestran a Morrison barbado y ataviado con una camisa de estampados multicolores.

La mitad de las placas retratan aspectos del público asistente; en general, tránsfugas de la sección de sociales de ese mismo diario (dirigida por Agustín Barrios Gómez, llamada "Gente Popoff"). Pero los que no tienen desperdicio son los pies de foto. Este es un par: un jovencito con saco y corbata toma refresco: "Limpieza, inocencia, vida y sueños mientras sorbe el refresco de naranja". En otra: "Una linda jovencita sorprendida bebiendo Coca-Cola. Así de saludable era el ambiente".

A las fotos de Morrison las explica un extenso pie: "Jim Morrison captado en diferentes momentos de su actuación que transcurrió en la oscuridad. El flash del fotógrafo descubrió detalles que escaparon al ojo del espectador, como el momento en que Jim se fue a beber cerveza a un rincón, con la mirada perdida, y después, cuando se retiró del escenario, bamboleándose por los efectos de algún estimulante. Observen el pedestal del micrófono en el piso y el aspecto del cantante. Asimismo vean detalladamente la cabellera rubia del organista (Ray Manzarek), que encorvado, recuerda a uno de los siniestros personajes de los cuentos de terror. The Doors hicieron música para comunicar sordidez, desesperanza y destrucción".

Como quien dice, The Doors trajeron la peste para contaminar a la "juventud dorada de México" (como le llama Velasco) que "acudió en pleno a rendir pleitesía al mito de The Doors".

"Morrison, apaga mi fuego"

La verdad es que los conciertos fueron bastante deslucidos, por lo que se puede deducir al leer algunas otras reseñas de la prensa musical de la época. En el mencionado libro de Valdés Cruz se reproduce una crónica de Víctor Blanco Labra aparecida en el número de agosto de 1969 de la revista Pop (ya desaparecida). A continuación, reproducimos fragmentos de ella, pues es una de las pocas fuentes de primera mano que se pueden conseguir acerca de lo que fue el primer concierto de The Doors en México. (Se respeta la intrincada redacción original.)

"De las profundidades cavernosas del Underground (rock subterráneo o anticomercial), surgió el show de los Doors en México, para perderse en una serie de poses que se desinflaron con el destrozo que hicieron de `Light my fire`, en un espectáculo que fue de menos a más y desilusionó a los fans de Las Puertas.

"Con el `Fórum` de Javier Castro a reventar, pletórico de juventud popis dio comienzo el espectáculo al presentar Mario Olmos un `light show` a base de transparencias de varios conciertos de rock (del Canned Heat, Hendrix, Bloomfield, Kooper, etcétera, menos de los Doors) y con música de fondo de los increíbles Blood, Sweat & Tears (que siguen a Los Doors en las listas de los rockanroleros contratados por el Fórum), poniendo a todo el mundo en la mejor disposición para aplaudir a rabiar a `Las Puertas de la Percepción`.

"De pronto se hizo la oscuridad completa, se escuchó la batería de John Densmore (el corazón nos latía más fuerte) y la guitarra de Krieger se afinaba con el órgano de Manzarek (los nervios se apoderaron del ambiente). Pronto el reflector rojizo iluminó la escena descubriendo a un fulano de enorme barba y melena ocupando el lugar de Morrison, quien comenzó a jadear comiéndose casi el micrófono. Era Morrison.


"Un terrible, dramático, esquizofrénico, erótico y enfermizo rock subterráneo, `Five to One`, empezó a desgarrar la garganta de un Morrison completamente distinto a la imagen idolatrada por sus fans. Cantaba con los ojos cerrados, `limpiándose` los bigotes a cada instante, agarrado (ese es el término) con desesperación al micrófono y secundado increíblemente por la precisión sin paralelo de sus estupendos músicos de rock.

"Muy de vez en cuando, Morrison abría sus ojillos obscuros, con expresión de sorpresa, quizás por no escuchar gritos, aplausos o exclamaciones por su interpretación insana, provocativa, insinuante, destructiva y tremendamente introspectiva.

"Pero su show era preciso, muy serio, muy profesional. Estupendo. Termina la pieza. Aplauso fuerte, desconcertado, esperanzado. Empieza otro rock super-subterráneo, Morrison hincado y con la cabeza metida en el boom de la batería de Densmore, y el pie de éste golpeando el cuero sin piedad. Morrison pega un salto felino (y teatral) e intenta destrozar a gritos y aullidos las 48 bocinas que trataban de hacer vibrar a la juventud popis mexicana. Termina `When the music`s over`. Nuevo aplauso. Fuerte. Esperanzado.

"Con ademanes ridículos, Jim lee unas palabras en español y el público celebra calurosamente el cotorreo. `Quiero presentarles a mis músicos` -dijo, contoneándose-, `Roberto Krieger en la guitarra, Juan Densmore en la batería y Ray Manzarek en el órgano... y yo soy... ¡Fidel Castro!`, más aplausos y ahí comenzó a declinar el show. Primeramente nos tenían apantallados Los Doors con su onda superunderground y la increíble precisión y agresividad de todos sus integrantes. Después de la presentación semicómica, los Doors se perdieron en una serie de interpretaciones que, salvo contados chispazos que lograban emocionarnos, adoptaron una línea pareja-declinante del show, al no encontrar comunicación con el público. `Break on through` y se escuchan chillidos aislados. Gusta el primer hit que tuvieron Los Doors y Morrison se emociona, hace la señal de la `V` indicando `por fin estamos en onda`, pero no fue así. Dos números más y no pasa nada.

"Morrison viaja frecuentemente al fondo del foro a tomar cerveza (pose), se tambalea (pose) y pone cara de pasado (más pose). `Touch me` levanta aplausos y sube un poco el ambiente. Manzarek por sí solo es todo un show. No se le ve el rostro, tapado completamente por una cabellera dorada, ondulada, limpia y sedosa que lleva el ritmazo increíble que implica, con todo su ser, al órgano. Encorvado, con las garras crispadas (la izquierda arriba, la derecha abajo) aporrea el teclado con furia salvaje. ¡No hay quien lo iguale en el órgano! El baterista es lo mejor que hemos visto. Violento y efusivo en sus tambores. El requinto domina a la perfección la técnica sicodélica-distorsionante en forma casi infernal.

"Jim Morrison es un mito. Su figura había llegado hasta nosotros desfigurada por la leyenda de `Morrison el sucio`, de quien se decían atrocidades y se narraban los más increíbles atrevimientos en su show, que era tan sexy o más que Mick Jagger o el de Elvis Presley. Mentira, Morrison no estuvo a la altura de su mito, de su imagen, de su leyenda. Quiso excitar y escandalizar, pero no lo logró.

"Cantó muy bien. Tiene una voz magnífica y una fogosidad y agresividad tremendas, pero su show no convenció a nadie. Estuvo bien, quizá estuvo muy bien, pero esperábamos que estuviera demasiado bien, increíble, lo máximo, incomparable!!!

"Suenan las notas de `Light my fire` (`Enciende mi fuego`) y todos nos entusiasmamos. ¡Morrison no puede con el paquete! Su voz suena insegura, fingida. Desconcierta a los otros Doors y la pieza se desploma, se viene abajo arrastrando a Las Puertas en su derrumbe. Al terminar Morrison y compañía huyen despavoridos, casi diríamos que avergonzados de la escena y en los rostros desconcertados y desilusionados de los cientos de parejitas juveniles que llenaban el `Fórum`, se podía leer claramente: `APAGA MI FUEGO`. Lástima. No hubo onda."

La última y nos fuimos

Finalmente, un año después, en julio de 1970, sin los otros Doors, Jim Morrison volvió a visitar México, invitado de nuevo por el mismo Mario Olmos, que seguía en la necia de promover conciertos de rock. Para entonces había contratado a los grupos Kimberly y Tower of Power, de San Francisco, para que tocaran en el Quid, otro centro nocturno de la ciudad de México. Invitó a Morrison a asistir a los conciertos y éste aceptó. Sólo venía acompañado de su amigo, el fotógrafo Frank Lisciandro.

En el Quid, mientras tocaba el grupo abridor, los mexicanos de Love Army, Morrison se subió al escenario a palomear y se cayó encima de la batería, pero sin percances que lamentar. Luego fueron a otro centro nocturno, el Maxim`s, pero allí no se subió al escenario, nada más lo presentaron como invitado especial

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Hace algun tiempo acudi a una presentacion que dio Ray Manzarek en un bar de el cual no recuerdo el nombre..esta enfrente de B.B King cafe en Beale Street en Memphis, TN. El show fue un desastre y de lo que fue el gran Manzarek no quedaba nada. No me sorprende que a la fecha sea un verdadero desastre..The Doors a sido uno de mis grupos favoritos pero creo que su mejor momento paso..mejor los escucho en CD

CZ
Memphis, TN

Alberlink dijo...

Tal ves quien asistio a este concierto en mexico pueda comentarnos algo.
Yo no asisti, pero publique la presentacion por que tambien es uno de mis grupos favoritos.
Tengo el DVD de la celebracion donde los acompañan varios cantantes jovenes y me parecio exelente, por eso mi expectativa de que podia ser un buen concierto.
Esperemos que alguien comente.

Anónimo dijo...

Esperemos

cz

Aviso

Los archivos deben ser utilizadas con el unico fin de evaluacion y deben ser borradas despues de 24 horas y comprar el archivo original. El uso de los archivos corre por tu propia cuenta. En Directo no se hace responsable de cualquier mal uso del contenido.

Blogroll

Popular Posts