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Estoy de regreso

17/5/16

Freddie King Live in Europe 1973 & 1974

Luther Allison - It Hurts Me Too at Montreal International Jazz Festival...

It Hurts Me Too de Eric Clapton

You said you was hurting, almost lost your mind,
And the man you love, he hurts you all the time.
When things go wrong, go wrong with you, it hurts me, too.

You love him more when you should love him less.
I pick up behind him and take his mess.
When things go wrong, go wrong with you, it hurts me, too.

He love another woman and I love you,
But you love him and stick to him like glue.
When things go wrong, go wrong with you, it hurts me, too.

Now you better leave him.


It Hurts Me Too de Eric Clapton

Tu dices que estabas sufriendo, a punto de perder la cabeza,
Y el hombre que tu amas, te lastima todo el tiempo.
Cuando las cosas van mal, van mal contigo, esto me lastima, también.

Tu lo amas más, cuando deberias amarlo menos.
Recojo detrás de él y tomar su lío.
Cuando las cosas van mal, van mal contigo, esto me lastima, también.

El ama a otra mujer y yo Te amo a ti,
Pero usted lo ama a el y se adhieren a él como una lapa.
Cuando las cosas van mal, van mal contigo, esto me lastima, también.

Ahora es mejor que lo deje



Eric Clapton - It Hurts Me Too (Live in Hyde Park 1997)

14/5/16

Es mejor

Me aburre el feacebook y Twitter me es insuficiente. Prefiero el blog para compartir.

2/2/15

Entrevista sobre "El talento de los adolescentes "







“La adolescencia es una etapa que hemos inventado para dar mayores oportunidades educativas a los niños.”
Entrevista a José Antonio Marina, filósofo, pedagogo ensa­yista y profesor



José Antonio Marina, nieto del filósofo Juan María Muñoz, nació en Toledo en 1939. También filósofo, así como pedagogo, ensayista y profesor, este Doctor Honoris Causa por la Universidad Politécnica de Valencia ha escrito más de medio centenar de libros en los que trata temas que van desde la creatividad humana hasta el estudio de las emociones, pasando por la inteligencia, la espiritualidad o el aprendizaje. Dos de sus obras más conocidas, que se centran sobre la importancia de la inteli­gencia emocional, son El laberinto senti­mental y El diccionario de los sentimientos (ANAGRAMA).
Marina, que afirma que “Todos los profesores sabemos que no sabemos una cosa hasta que se la hemos explicado a alguien” acaba de publicar El talento de los adolescentes (ARIEL) con la viva inten­ción de hacer saber a los adultos cómo son realmente nuestros jóvenes y, sobre todo, para desmitificar una adolescencia que convive cada vez más con el estigma de una sociedad que reprocha su actitud. Una actitud que el filósofo afirma que, por un lado, no existe tanto como nos venden y que, de todos modos, en la mayoría de los casos es la propia sociedad la culpable de que eso ocurra.
El entrevistado defiende ferviente­mente esta etapa como un momento inspirador en la vida de las personas, por lo que es absolutamente necesario un cambio de paradigma.


Soy profesor de adolescentes y empecé a darme cuenta de que les estamos trans­mitiendo una idea sobre ellos que no es ajustada, no es verdadera, y que, además, les está perjudicando. Los modelos educativos funcionan como profecías que se cumplen por el simple hecho de anunciarlas. Todos los prejuicios sociales se transmiten de esta forma. Por ejemplo, si yo digo que todos los blancos son unos sinvergüenzas, los blancos acabarán comportándose como unos sinvergüenzas.
Exacto, a los adolescentes llevamos mucho tiempo transmitiéndoles que es inevitable sufrir una época de crisis en la que se toman riesgos exagerados y sólo se piensa en el botellón y el sexo, porque son unos irresponsables. Al final, de tanto repetirlo, puede realmente acabar siendo así. Pero las encuestas nos dicen que eso es mentira. Los adolescentes en este momento están perfectamente integrados, son felices y no tienen crisis tremendas, ni existenciales ni depre­sivas, v se enrienden bien con su familia.
Sólo un porcentaje alrededor del 15% es conflictivo y eso ocurre en parte por tras­tornos psicológicos y o bien por dificul­tades sociales. Lo que hacemos, porque es algo muy llamativo, es generalizar. El programa de Pedro García Aguado, Herminio Mayor, no es representativo de la realidad, ya que presentan casos muy extremos. Estamos patologizando la adolescencia y eso es una gran equivo­cación.
¿Y qué hay del mito de las hormonas desatadas en la adolescencia?
Las investigaciones psicológicas y neurológicas cuentan que la influencia de la conducta adolescente en referencia a las hormonas no es tan fuerte como creíamos, sino que lo que está suce­diendo realmente es una remodelación completa del cerebro del adolescente. Y es que a partir de los trece años pasan muchas cosas: cambia la proporción entre sustancia gris y sustancia blanca, cambian los sistemas de recompensa, y el adolescente se prepara para un nuevo tipo de vida en el que tiene que aprender muy rápidamente. Es, en definitiva, una época de grandes posibilidades que hay que aprovechar.
Entre los muchos tópicos, existe el de la falta de esfuerzo entre los adolescentes de ahora, en compa­ración con los de antaño. ¿Estás de acuerdo con esta afirmación?
Es posible que sí. Antes se pasaba de la niñez al mundo laboral, y ahí las bromas no tenían cabida. Hasta el año 90, la educación obligatoria llegaba sólo hasta los catorce años. Una parte importan­tísima de la población española vivía la adolescencia trabajando. Y los que seguían en el sistema educativo perte­necían a familias, normalmente de clase media, que valoraban más la enseñanza y recibían un tipo de educación muy autoritaria donde el sentido del deber, la responsabilidad y la obediencia eran muy potentes. Eso era bueno hasta cierto punto, porque se olvidaban otras cosas importantísimas como la valoración de la libertad y de los derechos. Cuando este modelo autoritario cayó en desuso, le sustituyó otro que también era parcial, un modelo más permisivo que valoraba sobretodo esa libertad y esos derechos. Y es aquí donde empezamos a favorecer un tipo de comportamiento de los adoles­centes que no tiene las limitaciones de antes, y, aunque presenta otras ventajas, les hace muy vulnerables.
El antropólogo Josep María Fericola hablaba en una entrevista de que uno de los problemas que él veía era que ya no hay ritos de paso. De la infancia a la adoles­cencia había, por ejemplo, la primera comunión, en la que te daban un reloj que simbolizaba el control del propio tiempo, luego el servicio militar, que era como un paso hacia la edad adulta.... ¿Son necesarios estos rituales?

Esta generación existe por varios motivos. Por una parte, no estamos preparando a nuestros jóvenes para tolerar frustra­ciones y, cuando estas surgen, se desco­razonan enseguida. Luego, la sociedad actual ha roto un pacto social implícito, dirigido a la gente joven, en el que si estos cumplían con sus obligaciones, se formaban adecuadamente y estaban en condiciones de trabajar, la sociedad les daría esta oportunidad para hacerlo. Hay mucha gente muy bien preparada que no encuentra trabajo. Eso genera la decepción y el desánimo. Algunos siguen esforzándose y otros tiran la toalla. Los ninis son una respuesta a una situación social que ha sido inclemente con la gente joven por los dos extremos. Les hemos exigido poco y a la vez les damos poco o nada, con lo cual se produce una bajada de vitalidad que es lo que se mani­fiesta en este fenómeno.

A menudo las chicas son muy precoces y prefieren salir con compañeros un poco mayores que con los que les correspon­derían por edad. Eso puede suponer algún desajuste sin importancia. Lo fundamental es saber que esos mismos desajustes son casi siempre resueltos por los propios adolescentes.
En la evolución de un grupo adolescente existe una especie de tanteo de cómo son las relaciones y en un orden establecido se va pasando por la amistad, por la atrac­ción, hasta que las relaciones acaban otra vez estabilizándose. Los adolescentes son muy románticos y tienen un concepto muy estricto de lealtad. Los verdaderos problemas surgen después, cuando desean tener relaciones profundas y duraderas y, según van avanzando, coincidiendo con el paso por la universidad, empiezan a sentir una cierta desesperanza. No piden dema­siado de las relaciones para no fracasar. Empiezan a desarrollar un mecanismo de autodefensa en ese sentido.
En la adolescencia todo se produce con mucha más naturalidad de la que se cree, aunque la Sociedad Americana de Psicología últimamente viene advirtiendo de un nuevo peligro y que es sexualizar precozmente a las chicas.
Las encuestas americanas de autoestima realizadas entre los alumnos de secun­daria muestran que en esta época las chicas suelen tener más éxito académico, mientras que en los chicos el porcentaje de fracaso escolares mucho más elevado. Pero cuando finalizan el periodo de secundaria y vuelven a hacer el test, la autoestima de las chicas ha bajado consi­derablemente. La razón de ello, aunque no está muy clara, tiene que ver con la elevada dependencia de ellas sobre el efecto que causan en los chicos. De hecho, están aumentando las conductas de subordinación de las chicas frente a los chicos.
En España, las últimas encuestas muestran que cerca del 40% de las jóvenes consideran que sus chicos les controlan demasiado el móvil o la vestimenta. Y lo peor es que muchas se convencen de que eso es una demos­tración de amor. La ascensión de este modelo machista tiene que ver con una educación que quita expectativas a las chicas. Y lo más curioso de todo es que mientras aquí en España quienes piden la educación separada son los movi­mientos de ultraderecha, en el norte de Europa y EEUU los que piden esta separación son los grupos feministas. En EEUU existen ya varias universi­dades exclusivas para chicas y nadie se escandaliza. Hillary Clinton estudió en una de ellas.
Sí, es una película que como experimento filmográfico y psicológico me interesó muchísimo. Te vas dando cuenta de la evolución de las personas, de cómo van cambiando de posición ante un mismo problema. La figura de la madre me parece muy reveladora. La película muestra un mensaje optimista que creo que hay que recuperaren España.
Cuando nos comparamos con las culturas anglosajonas, nos damos cuenta de que nuestra gente joven ha tenido siempre una actividad mucho más pasiva, por estar más protegida. La protección familiar ha evitado, sin duda, problemas muy serios, pero ha creado algunos problemas también como la falta de resis­tencia para enfrentarse a los problemas y eso es precisamente lo que habría que recuperar. Una de las últimas encuestas que hizo el Politécnico de Valencia dice que más del setenta por ciento de nues­tros universitarios aspiran a ser funcio­narios porque lo que valoran es la segu­ridad. Tal y como están las cosas resulta comprensible. Sin embargo, a efectos de una sociedad, eso no es bueno porque implica poca iniciativa y muy poca capa­cidad para resolver retos.
Desde el punto de vista de la Neuro­logía de la Educación, estamos viendo que en las generaciones que han crecido en entornos informáticos muy densos y masivos se están produciendo algunos cambios en el cerebro y en su gestión de la comunicación.
Respecto al propio cerebro hay dos temas importantes: por una parte está apareciendo un nuevo tipo de atención o de gestión de ésta, así como de la reten­tiva. Ya no sabemos muy bien qué es lo que tenemos que guardar en nuestra memoria personal y en la del ordenador, el trasvase a veces es un poco compli­cado. El uso de las redes también está causando cambios en la comunicación. Nuestra gente joven está perpetuamente conectada pero con poco trato, es decir, a través de mensajes cortos y muy poco articulados que saltan de uno a otro, empiezan a tener una especie de hiperactividad cognitiva ya que si no reciben un nuevo mensaje en un espacio de unos cinco minutos se sienten inquietos.

En Estados Unidos se está estudiando cómo acostumbrarse excesivamente a la relación social a través de la pantalla hace perder el interés o la habilidad por una relación cara a cara. El otro día, yo estaba en un restaurante y en la mesa de al lado estaba comiendo una familia en la que cada uno respondía a su propio correo. ¿Estaban juntos o no lo estaban? Se está produciendo un tipo de comunicación muy fría y de coexistencia no comuni­cativa. En definitiva, se está perdiendo riqueza emocional.

Se habla también de pérdida de valores...

Los valores son aquellas cosas o situa­ciones que resultan atractivas, por lo tanto su pérdida es algo que sólo sucede en el caso de una depresión, cuando no hay nada valioso.

Lo que sise han perdido son los valores morales tradicionales, muchos de los cuales estallan relacionados con el cristianismo. Durante muchos siglos, la educa­ción moral en España estaba basada en la religión, y eso tenía algunos aspectos muy valiosos como, por ejemplo, el fomento de las virtudes cristianas que no eran especialmente religiosas y que se habían tomado de los griegos. Explica que para vivir bien hace falta tener hábitos de excelencia, honradez, justicia y entendimiento con el otro.
Como hoy en día la religión ha perdido vigencia, nos hemos quedado en parle sin educación moral. Si bien es cierto que se ha intentado restablecer mediante nuevas asignaturas como la Educación para la ciudadanía, su implanta­ción ha conllevado muchos problemas. En España no tenemos tradición de ética ciudadana como en el norte de Europa, pero estamos intentando recuperar urgentemente esa moral para impedir que aparezcan más corruptos, sinver­güenzas y violentos.
¿La rebelión frente a los adultos es necesaria en la adolescencia?
Sí. Y quienes deben comprender esa rebelión para que no se salga del aspecto formativo tienen que ser los adultos. La gente joven necesita independizarse, es su obligación. La independencia tiene que estar favorecida por los adultos, que deben saber que todo el proceso educa­tivo tiene que ir dirigido a fomentar esa autosuficiencia. Durante la adolescencia, el proceso de autonomía se acelera y, por lo tanto, tiene que estar sometido a un proceso de renegociación continuo entre tutores y jóvenes, dejando muy claro cuáles son las cosas que no son negociables, como por ejemplo la droga. Para ello es recomendable escribir un contrato y negociar, un trato en el que las dos partes tengan sus condiciones, y a continuación actuar según lo pactado sin que exista un castigo si hay un incum­plimiento de alguna de las dos partes. En ese caso la única consecuencia debe ser la invalidación del pacto.
¿Qué diferencia hay entre auto­nomía y libertad?
Cuando hablamos de libertad en realidad hablamos de un concepto que no significa gran cosa. Hablar de que los seres nacen libres quiere decir simplemente que jurídicamente no se les puede esclavizar, porque a las claras está que los niños nacen dependientes de todo. Más que hablar de libertad hay que hablar de procesos de liberación. Necesitamos liberarnos de muchas cosas, por ejemplo de la ignorancia, del miedo, de la influencia de los demás, de la tirania política, etc... Todo eso significa que debemos ir convirtiendo en seres autónomos. Muchas veces habrá que rebelarse y otras muchas habrá que obedecer. Aquellos que creen que para ser libre no deben comprometerse con nada ni con nadie escogen un tipo de libertad muy poco interesante.
La libertad significa poder elegir el propio proyecto de vida para, justa­mente, poder ser libre.

Descubrir el talento
"Una de las cosas que los padres deben saber de sus hijos es cuáles son sus aficiones, cuáles son sus fortalezas. El éxito que ha tenido la teoría de las inteligencias múltiples de Howard Gardner no se debe a su calidad científica. Que deja mucho que desear, sino a que llamó la atención sobre un hecho que todos conocíamos pero no hablamos aprovechando: los niños y los adolescentes tienen distintas competencias. a unos se les den bien las matemáticas y a otros la pintura, y a otros la danza o el deporte. Esas competencias son una mezcla de habilidad y entusiasmo. y conviene saber cuáles son para fomentar y también para conseguir que el adolescente se interese por otras cosas. Reconocer las fortalezas es una de las  grandes habilidades educativas."










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